Día Uno: “Cuando dos serpientes,
dos leones, dos tejones y dos águilas viajan juntos en un mismo carro.”
“No hay
por qué empezar a flipar”, me dije a mí misma. Como si alguna vez me hiciera
caso, jé, inocente.
-¿DÓNDE
HOSTIAS ESTÁS, GIANLUCCA TEVOYAPARTIRLACARA ROSSI?
-Ya voy,
ya llego, ya… ¡Nevra, vete subiendo al condenado carro, que ya llego!
-¡Una
porra “ya llego”! ¡Tenías que estar aquí hace MEDIA HORA! ¡Koralli está
empezando a hiperventilar, y cuando Koralli hiperventila me pone nerviosa!
Puse el
teléfono en la boca de mi amiga para que diese más fuerza a mis palabras y de
paso molestar un poco al tonto de mi mellizo. Porque seguramente estaba ligando
en vez de guiarnos hacia los carruajes, se pasa la vida ligando. En serio, liga
hasta en sueños. Está bien cuando le escuchas unas, no sé, dos veces. No
doscientas. NO TODO EL P*TO VERANO. Los chicos no deberían cumplir los 15 JAMÁS.
Ni cinco
minutos pasaron de la conversación jadeo-grito de mi hermano y Kora para que
Lucca colgara el móvil entre maldiciones e insultos variados en italiano. Por
suerte habíamos sacado ya todo el maldito equipaje del tren (imagínate cargar
un baúl, en mi caso dos, varios maletines, un caldero y una jaula con tu animal
de compañía entre una multitud llena, llenallenallena de niños.) y, mejor aún,
vimos a nuestro grupo esperando en las puertas de uno de los carros que nos
llevaría al colegio. Jorge y Simon (cada año estaban más altos) hicieron el
amago de ayudarnos con las cosas hasta que les apartó de ahí un gigantón medio
oculto por un abrigo de pie. Que le hacía parecer AUN MÁS grande.
-¿Problemas
con el equipaje, Rossi, Betanova?
-¡Hagrid!
–el guardabosques de la escuela nos guiñó el ojo a ambas y puso los dos
carritos en el portaequipajes con una sola mano.
Oh, tal
vez se me olvidó mencionarlo antes, pero nuestra escuela es un poco rara. No es
como las escuelas que te puedes encontrar en donde quiera que sea el lugar en
el que vives, vamos. Nah, mis amigos y yo vamos a Hogwarts, la Escuela de Magia
y Hechicería más famosa de Gran Bretaña. Y es nuestro quinto año consecutivo,
lo que resumiendo viene a decir que ya somos más o menos veteranos. “Somos”
son, además de mi persona, Jorge, Simon, Koralli, Arii, Mike, Tas y Lucca. Ellos
son como mis mejores amigos, o algo así. La cosa es que tú no puedes ser amigo
de gente que no es de tu misma Casa, y si lo eres es muy raro que la amistad
continúe con el paso de los años. Las rivalidades, el que convivas con otras
personas y dejes de verles… un montón de cosas en general son las que causan
eso, pero de alguna manera nos las hemos arreglado para seguir viéndonos y estar normalmente.
-Tu
hermano está tratando de forzar la puerta para entrar en el carruaje, Nev… ¿Le
perdonamos un poco?
Miré
primero a Hikarii (a Arii. Es que, Merlín, su nombre es demasiado de princesa.
Y ya no hablemos de Anas(TAS)ia…) y luego a mi mellizo, que sí, estaba pateando
la puerta sin importarle que los de segundo le miraran como quien ve a un
fantasma. Y me encogí de hombros.
-Nah,
que vaya con los de primer curso en bote, ya verás la cara que pone Scorp al
verlo llegar.
Lucca me
fulminó con la mirada (me había oído perfectamente). -¡Abre la puerta ahora mismo, GINEV-!
-¡NI SE
TE OCURRA! –abrí yo misma de una patada y le obligué a entrar por la fuerza.
-¡Prometimos que ese nombre iba a caer en el olvido! ¡Nunca, NUNCA, prohibido
decirlo de nuevo!
-¡Tú
dijiste el mío antes! ¡Alto y claro!
-¡Dejad
ya de discutir, maldita sea! ¡Que estoy dibujando!
-…Tas,
SIEMPRE estás dibuj-
-¡Shhh!
-Per-
-¡SHHHHHHHHHHH!
-¡Vale,
vale! Qué humos…
La
bofetada que se ganó Lucca me animó el resto del viaje, al menos.
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-Oh,
guau, ¿no es increíble que nos traigan en carros que nadie tira?
-No es
que nadie los tire, idiotas. Es que son animales invisibles.
-¿Invisibles?
Seguro…
-¡Pues
sí, listo! Son Thestrals, los estudiaremos este año, espero, estuve mirando los
libros.
-The-¿eh?
¿Bichos invisibles?
-CABALLOS
invisibles. Solo los puedes ver si alguna vez
has estado cerca de la muerte, o has visto morir a alguien frente a ti…
-Oh, qué
pasada…
Crucé
una mirada inquieta con Lucca, que estaba serio, muy serio. Se movió un poco
para apretarme el hombro sin que nadie lo notase, solo yo. Ambos nos giramos un
poco por última vez hacia los chicos antes de entrar en la escuela. Junto a
ellos, el Thestral nos dirigió una mirada penetrante. Y ambos pudimos verla.
-Pues yo
creo que esto de las Casas es una estupidez. –dijo Arii mientras entrábamos en
el Gran Comedor y nos parábamos en medio de las mesas. No nos apetecía nada
tener que separarnos de momento, no con tanto que contar del verano. Aunque por
el rabillo del ojo pude ver a algunos de mi Casa llamándome la atención para
que me separara del grupito.
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-Oh, Arii, dices eso todos los años y todos los años nos tenemos que sentar cada en mesas diferentes…
-Oh, Arii, dices eso todos los años y todos los años nos tenemos que sentar cada en mesas diferentes…
-¡Kora,
Nevs y Lucca son los sobrinos de uno de los profesores que ADEMÁS está liado
con el director! Podrían sugerir…
-Y como
todos los años dirían que no. Y nada de “liados”, al menos ya no.
Todos me
miraron fijamente con la boca abierta, la palabra “GOSSIP” escrita en sus
frentes. Simon fue el primero en hablar, pero claro, tratándose de cotilleos…
-¿Ya no
salen juntos?
-Sólo…
mirad bien a mi querido tío en la cena. –Lucca aguantó una risa al oírme. –No
digo nada más.
Grito
generalizado en 3…2…1…
-¡PERO
NEV-!
-¡Oops,
Lucca, nos reclaman en la mesa, ya hablamos después chicos, CIAOOOOOOOO!
Obligué
a mi hermano a seguirme, y ambos nos sentamos con una gran, orgullosa sonrisa
en nuestra mesa, nuestra Casa. Ambos éramos Slytherins, las serpientes, plata y
verde, la “nobleza” de la escuela, los puros… demás sobrenombres absurdos que
quisieran darnos. No entendáis mal, adoro mi Casa, y sé que Lucca también, no
podríamos ir a Hufflepuff como Jorge y Arii, a Ravenclaw como Tas y Simon, y
mucho menos a Gryffindor como Kora y Mike… una mano me rozó el hombro y señaló
una por una a las Casas.
-Los
inútiles, los frikis y los mentalmente inestables.
-¡Joder,
Ewan, qué susto! –boté del susto, no como Lucca. Pero bueno, es que a veces
dudo que mi hermano tenga emociones de algún tipo.
-Y ha
sido una descripción de las Casas bastante cliché, Nott. Ni los Ravs son todos
frikis, ni los Huffles unos inútiles, ni los Gryffs… no, bueno, esos sí son
mentalmente inestables. ¡Ouch, Nevra!
-Cerradura
a la boca, el director va a hablar.
Ewan
Nott, mi mejor amigo Slytherin y tras Lucca el chico más popular de la escuela
me dirigió una de sus famosas “sonrisas-brillantes-marca-Nott” que no me
afectaban por mucho que lo intentase. Lo que sí sentí fueron las miradas de
odio de muchas chicas. Ah, fantástico. Por suerte Albus Severus Potter atrajo
la atención en seguida.
Cierto
que los magos envejecemos más despacio que los muggles, pero yo sabía que Albus
no solo aparentaba tener 30 años, era su edad real. Muy joven para ser director
de un colegio como Hogwarts, pero ser el hijo mediano de “El-Niño-Que-Vivió”
debe darte muchos puntos extra en el CV. Me caía bien, era un ex-Slytherin simpático,
carismático, despistado… Y no solo eso. Sonreí con ganas al ver brillar en su
mano izquierda una alianza de plata, y no tenía que volverme para ver qué otra
persona de la mesa llevaba la pareja del anillo.
Tras el
aburrido discurso (Albus podía ser todo lo majo que quisieras, pero el mismo
discursito todos los años estaba más rallado…) y la cena, Lucca se fue con los
de primer año a enseñarles el camino a las habitaciones. Tras los resultados de
los exámenes le había llegado a casa,
vía lechuza, la chapita de Prefecto (una
especie de delegado de las Casas). A mí no, claro, pero no podía esperarme una
después de destrozar cada año alguna cosa de la escuela… Juro que
accidentalmente. Bueno, que no soy tan responsable como Lucca. ¿Y qué? Todo es
más divertido así… Tampoco los demás tenían la chapa de Prefecto, salvo Simon.
Amber
Zabini, novia temporal de Ewan y muy amiga mía, me agarró del brazo y fuimos
juntas a las habitaciones Slytherin. Ya hablaría con todos mañana…
Atte:
Nevra Rossi, de nuevo en su Casa.
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