Prólogo: “En el que decides
ignorar las sabias palabras de una serpiente.”
Oye, tú.
Sí, tú.
¿Sabes
ese momento en el que te parece que todo va bien, que no hay peligro a la vista
y que solo queda la música épica y corazoncitos moñas para que parezca un final
de Disney Princesas, con las campanadas de boda de fondo? ¿Sí? Pues guay. Trata
de no olvidar cómo se siente eso, porque, créeme, no vas a querer otra cosa que
un maldito final feliz si continúas leyendo. De alguna forma vas a meterte en
esta historia, oh sí. Vas a ENTRAR, a vivir lo que yo vivo, a ver lo que yo veo…
¿Por qué?
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MI DIARIO, PEDAZO DE MUGGLE. Gah. Cobrar para esto. Que no cobro, pero bueno.
¿Estás seguro que deberías estar leyendo esta cosa? ¿Te das cuenta de que
podría arrancarte la cabeza si te pillo siquiera mirando la cubierta? Bueno, si
te despiertas mañana con una cara nueva, recuerda que tú te lo buscaste, ¿huh?
Bien.
Odio las
tareas de mis profesores. ¿Un diario, en serio? ¿Se creen que la tinta llueve
del cielo o qué? Acaba de empezar el curso y ya nos mandan UN DIARIO. ¿Qué se
piensan, que mi vida es la más emocionante del mundo? HEY, NO. En serio, no lo
es, de verdad. Puede, PUEDE que me meta en algún que otro lío de vez en cuando.
Puede. Qué, ¿hacer explotar un aula no es normal? ¿De verdad? Huh. Eso fue el año
pasado, de todos modos. Y el anterior, y el anterior… En fin, como dice…
alguien, no recuerdo quién, lo correcto es empezar por el principio. Y como el
principio lo elijo yo, te callas y volvemos al inicio de curso. ¿Vale? VUALE.
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